El primer camino es también el últimoMixta sobre poliester. 42 x 29,7 cm.
Jorge Luis Borges.
Retrato no para decir “soy el que veis aquí y vedme cómo soy” sino para decir “ya no estoy aquí, me voy, desaparezco, ya no se quien soy”.
De una cosa que ves cada día, que miras cada día, que ves siempre… en un momento determinado, ya no te das cuenta, ya no la ves…
Memoria límbica, memoria de las fronteras del ser, de los confines sombríos de la identidad, de la memoria en penumbra, memoria semejante a la de un niño antes de ser bautizado o del anciano antes de ser juzgado, memoria infinita y sin forma, memoria sin memoria, pero que conserva inscrita en el fondo de sí misma los rasgos más antiguos de la vida, memoria elemental de las primeras impresiones de los primeros afectos, de las primeras emociones. Pero, después, todo se ha borrado: los nombres, los lugares, las circunstancias... Angustia y terror al vacío que regresa de muy lejos, de donde ya nada tiene nombre. Este hombre infinitamente solitario, que ya no sabía quién era, de dónde era, ni qué año era ni qué ciudad le acogía, más que abandonado por los demás, sólo había sido abandonado por él mismo, “Ellos están aquí”, decía, “y yo ya no estoy” y se disculpaba por ello, intentaba justificarse, hacerse perdonar su ausencia, y decía, sin cesar: “No sé qué me pasa ... “ Lo decía para disimular, para hacer creer a los demás que él aún estaba allí, cuando, de hecho, ya no estaba para nadie. El silencio de aquel escándalo intolerable que es la huida de la memoria, aquella traición intolerable de las cosas, hacia él, que jamás había traicionado a nadie.
El espíritu ha vacilado, no se recupera, pero el cuerpo, ¿desde qué zona oscura ha respondido con la fidelidad más sobrecogedora? Ya no se sabe dónde se está ni quién se es, pero el brazo, la mano, los dedos, escapándose de la petrificación, son aún capaces de seguir los rasgos de un rostro. ¿De dónde viene el dominio de un hombre que ya no domina nada? ¿Es un misterio del cuerpo, que se reafirma y que responde, con tanta autoridad y precisión, cuando el espíritu ya hace tiempo que ha desertado?
De pie en la entrada de su taller, en el lugar en el que se muere de no morir, abarcando con la mirada el lugar vacío y silencioso, sin reconocer los dibujos hechos ayer, sin saber nada de nada de este espacio ocupado durante años, experimentando, sin embargo, la tristeza infinita de dudar que aquello tenga aún algo que ver con él, que le concierna, que haya sido suyo, pero sin saber ya cómo responder a esta mirada, a esta preocupación, a este llamamiento a la pertinencia, qué sentido dar a estos fragmentos de recuerdos que le obsesionan.
Hasta qué punto todo es inútil… todo es en cierto punto frívolo, sin una frivolidad excesiva, pero en comparación con lo vivido todo es completamente inútil.